Homenaje al Nobel sueco Tomas Tranströmer

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La Cátedra Vargas Llosa, la Embajada de Suecia y Nórdica Libros invitan al homenaje que se hará a Tomas Tranströmer en el Instituto Cervantes el día 17 de abril a las 19:30.
Inetrvendrán Roberto Mascaró, Lasse Söderberg y Jaime Siles. Entrada libre hasta completar aforo. Invitación al homenaje a Tomas Tranströmer

El dierctor de la Cátedra Vargas Llosa fue nombrado miembro correspondiente de la Real Academia Hispano América, Cádiz

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Nombramiento

Entrevista a J. J. Armas Marcelo en el Nuevo Herald de Miami

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J.J. Armas Marcelo – El Nuevo Herald

La noche que Bolívar traicionó a MIranda

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Primer Concurso Internacional de Novela Corta “Mario Vargas Llosa”

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El pasado 9 de marzo, en Arequipa, Perú, se falló la primera edición del Concurso Internacional de Novela Corta “Mario Vargas Llosa”, dando como ganador al escritor Pedro Novoa. Un jurado integrado por los escritores Alonso Cueto y J. J. Armas Marcelo (este último Director de la Cátedra Vargas Llosa) y por el académico Rolland Forgues, consideraron que su obra Maestra Vida debería hacerse con los 5.000 dólares con los que está dotado el premio. La novela será publicada por la editorial Alfaguara Perú.
Pedro Novoa nació en Lima, en 1974, y tiene una larga trayectoria como cuentista. Actualmente se desempeña como docente en la academia ADUNI – CÉSAR VALLEJO y en Universidad de Ciencias y Humanidades (UCH).

El autor colombiano Carlos Granés presenta ‘El puño invisible’, el libro con el que ha ganado el último premio de ensayo Isabel Polanco

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“Los cambios políticos sin cambios culturales no son nada”. Así resumió ayer Francisco Calvo Serraller la idea central de El puño invisible (Taurus), el libro con el que el colombiano Carlos Granés (Bogotá, 1975) ha obtenido este año el premio de ensayo Isabel Polanco, concedido por un jurado presidido por Fernando Savater. En el auditorio de la Casa de América de Madrid y acompañado por el escritor y periodista de EL PAÍS Juan Cruz, Calvo Serraller, catedrático de historia del arte, recordó que los boxeadores llaman puño invisible al que resulta más violento no porque sea el más fuerte sino porque no lo ves venir.
Según Granés, antropólogo social y autor también de La revancha de la imaginación, el golpe que recorrió subterráneamente el siglo XX no lo dio la política sino el arte de vanguardia en sus diferentes mutaciones y traslados por Europa y América, incluida, por supuesto, Latinoamérica. Esa visión, insistió Francisco Calvo Serraller, es lo que rompe con la tradicional visión encapsulada del arte, “allí donde todos somos doctores”.

Donde los historiadores, explicó, se habían dedicado a dar vueltas en torno a la revolución formal, Granés ha sabido ver que la sacudida mayor era social. El propio autor desveló que en el origen de su ensayo había una pregunta: ¿De dónde surge el impulso revolucionario? Durante un tiempo, reconoció, él mismo pensó que el campo “natural” en el que debía buscar esa respuesta era la política, tal vez la religión. Pero a medida que remontaba la corriente del río de lava de la revolución se dio cuenta de que el cráter estaba en los estudios de los artistas y no en los sótanos de los ideólogos.

El futurismo, Dadá, Duchamp, Cage, Zúrich, Nueva York, La Habana y cien más son las estaciones de un viaje que llega hasta hoy. “Me di cuenta”, contó Granés, “de que los valores de los vanguardistas -el sarcasmo, la humorada, la desacralización, el infantilismo- empezaban a serme sospechosamente familiares. Los veía en mí mismo, en los medios, en la calle”.

El triunfo de los dadaístas era evidente en todas partes, empezando por los museos y academias, aquellos lugares que representaban para ellos lo peor de ese universo antiguo y anticuado que se habían empeñado en dinamitar.

El puño invisible, actualizadísimo, arranca en 1900 y termina este mismo año, a un centenar de metros del lugar de la presentación, en la Puerta del Sol. Y por la actualidad preguntó Juan Cruz. ¿Qué tienen en común la rebelión actual y aquellas cuya “épica” retrata Granés? “El 15-M es antiutópico”, respondió el ensayista colombiano. “Su referente es mayo del 68 pero los indignados en el fondo se rebelan contra la generación del 68. Daniel Cohn-Bendit abominaba del Estado y el 15-M lo que pide es más Estado. Se indignan porque se ha esfumado aquello que creíamos que nos iba a tocar por derecho. Por eso se saltan una generación y toman como referente a Stéphane Hessel, un resistente”. Para ilustrar la corrección de la consignas del movimiento surgido en España, Granés recurrió a una de las más famosas: “No somos antisistemas, el sistema es antinosotros’. Los indignados tienen todas las credenciales y las virtudes cívicas para ser burgueses ejemplares. Piden casa, trabajo, seguridad, estabilidad… todo lo que espantó siempre a los revolucionarios. El 68 se esforzaba por no ser burgués. Hoy lo difícil es serlo”.
J. R. M. – Madrid – 16/12/2011 El País

Indiana Llosa y los escritores del fin del mundo, seminario sobre Vargas Llosa

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A LO LARGO de su obra crítica y ensayística Mario Vargas Llosa ha demostrado ser uno de los críticos literarios más lúcidos de nuestro tiempo. Sin embargo, aunque sus estudios sobre Gustave Flaubert, Gabriel García Márquez, José María Arguedas, Víctor Hugo y Juan Carlos Onetti nos permiten apreciar sus teorías sobre la literatura en general y la novela en particular, existe una estirpe de escritores a quienes Mario Vargas Llosa admira fascinado no sólo por sus novelas, sino por sus vidas consteladas de emoción, aventura, peligro y trasgresión.
Por otro lado, ciertos personajes del novelista peruano son escritores o escribidores que se enfrentan a riesgos, amenazas, enemigos poderosos y toda suerte de desafíos, por lo que podríamos preguntarnos hasta qué punto esas criaturas vargasllosianas no son un trasunto de sus genuinas admiraciones literarias por escritores de carne y hueso.
El presente curso tiene como finalidad explorar en la obra de Mario Vargas los arquetipos y modelos, los alter-ego literarios y los personajes novelescos inspirados en esos autores admirados por el Nobel peruano y que serían los escritores del fin del mundo.

Programa

1. Vargas Llosa y las novelas de aventuras.
2. El pez en el agua: Una vida literaria y novelesca.
3. Escribidores aventureros en las novelas de Vargas Llosa
4. Los escritores del fin del mundo
• Alejandro Dumas, pantagruélico
• Emilio Salgari, pirata del Caribe
• Julio Verne en el centro de la Tierra
• Gustave Flaubert, el hombre-pluma
• Flora Tristán guiando al pueblo
• Joseph Conrad en el corazón de las tinieblas
• George Bataille, con alevosía y ventaja
• Ernest Hemingway, matador de leones
• George Orwell, brigadista en España
• William Faulkner, matón sureño
• Arthur Koestler, condenado a muerte
• André Malraux, héroe de guerra
• Jorge Luis Borges, el maestro Po

Fernando Iwasaki

Indiana Llosa y los escritores del fin del mundo, seminario sobre Mario Vargas Llosa

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La Cátedra Vargas Llosa invita al seminario “Indiana Llosa y los escritores del fin del mundo”, que impartirá el escritor Fernando Iwasaki durante los días 20, 21 y 22 de diciembre. El seminario se enmarca dentro de las actividades que organiza la Cátedra Vargas Llosa con motivo de la exposición “Mario Vargas Llosa. La libertad y la vida”, que se exhibe hasta el 29 de enero en el centro cultural El Águila (c/ Ramírez de Prado, 3). El seminario tendrá lugar en este mismo lugar, a las 19:00 horas. Entrada libre hasta completar aforo.

A LO LARGO de su obra crítica y ensayística Mario Vargas Llosa ha demostrado ser uno de los críticos literarios más lúcidos de nuestro tiempo. Sin embargo, aunque sus estudios sobre Gustave Flaubert, Gabriel García Márquez, José María Arguedas, Víctor Hugo y Juan Carlos Onetti nos permiten apreciar sus teorías sobre la literatura en general y la novela en particular, existe una estirpe de escritores a quienes Mario Vargas Llosa admira fascinado no sólo por sus novelas, sino por sus vidas consteladas de emoción, aventura, peligro y trasgresión.
Por otro lado, ciertos personajes del novelista peruano son escritores o escribidores que se enfrentan a riesgos, amenazas, enemigos poderosos y toda suerte de desafíos, por lo que podríamos preguntarnos hasta qué punto esas criaturas vargasllosianas no son un trasunto de sus genuinas admiraciones literarias por escritores de carne y hueso.
El presente curso tiene como finalidad explorar en la obra de Mario Vargas los arquetipos y modelos, los alter-ego literarios y los personajes novelescos inspirados en esos autores admirados por el Nobel peruano y que serían los escritores del fin del mundo.

Programa

1. Vargas Llosa y las novelas de aventuras.
2. El pez en el agua: Una vida literaria y novelesca.
3. Escribidores aventureros en las novelas de Vargas Llosa
4. Los escritores del fin del mundo
• Alejandro Dumas, pantagruélico
• Emilio Salgari, pirata del Caribe
• Julio Verne en el centro de la Tierra
• Gustave Flaubert, el hombre-pluma
• Flora Tristán guiando al pueblo
• Joseph Conrad en el corazón de las tinieblas
• George Bataille, con alevosía y ventaja
• Ernest Hemingway, matador de leones
• George Orwell, brigadista en España
• William Faulkner, matón sureño
• Arthur Koestler, condenado a muerte
• André Malraux, héroe de guerra
• Jorge Luis Borges, el maestro Po

Fernando Iwasaki

Universidad Latina de Panamá – Investidura Doctor Honoris Causa al Sr. Mario Vargas Llosa

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Doctorado Honoris Causa de la Universidad Latina de Panamá a Vargas Llosa, laudatio

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Laudatio de Mario Vargas Llosa

Jorge Eduardo Ritter

El acto solemne que hoy nos congrega, en el que, dentro de breves momentos, Mario Vargas Llosa habrá de recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad Latina, reviste una condición especial, que no por obvia debe callarse: honra más a quien lo otorga que a quien lo recibe. Pues mientras que el homenaje que hoy se le tributa palidece frente a los ya recibidos, esta universidad, en cambio, ostenta desde hoy una distinción singular: la de contar entre los recipiendarios de sus títulos a un verdadero gigante de la literatura.
Tanto se ha dicho y escrito sobre la vida y sus obras pasadas, y hasta de la vida y sus obras futuras, de ese peruano, de ese latinoamericano, que el año pasado fue galardonado con el premio Nobel de Literatura, que se ha convertido en un lugar común señalar que ya nada novedoso puede añadirse sobre el autor que la crítica más rigurosa y, más importante aún, los lectores del mundo entero, han consagrado como uno de los grandes escritores contemporáneos.
Si este fuera un acto regido sólo por la crítica literaria y el análisis académico, palabras para presentar a Mario Vargas Llosa estarían, por ociosas, de más. Pero es que al margen de celebrar que, bajo la presidencia del escritor Juan José Armas Marcelo, la Universidad Latina será la sede de la cátedra Mario Vargas Llosa, este acto se ha convocado para honrar al novelista, al cuentista, al dramaturgo y al ensayista, pero también para testimoniarle estima y admiración especiales, y el orgullo que sentimos cuando lo llamamos compatriota de la gran patria latinoamericana.
Pocos panameños saben que lejos de las luces de la fama, en silencio –para no decir clandestinidad–, ese arequipeño universal ha venido a esta ciudad que también es de los perros –hasta un candidato a presidente lleva ese sobrenombre–, no a mantener una conversación en la catedral sino con su hijo Gonzalo que vivió mucho tiempo, también él alejado de los reflectores, muy alejado, pues vivía nada menos que en Darién. (Anoche recordaba, no con nostalgia sino con pavor, los estragos que le hacían esos animalitos que aquí llamamos coloradilla, y que sólo después de muchos sufrimientos supo que lo único que los mantenía alejados era el kerosene sobado sobre la piel).
En alguna ocasión, por esta época de fin de año, me sorprendió verlos tan campantes, cenando en un restaurante, y tentado como estuve de saludar al escritor que tanto admiraba, no quise interrumpir un encuentro familiar, pese a la frecuencia con la que Gonzalo y yo almorzábamos con amigos comunes, porque intuí que así como muchos vienen a Panamá en busca de negocios y fortuna, un escritor de fama universal encontraba aquí el solaz que nadie tenía derecho de perturbar.
Pero como los espíritus insaciables nunca han sabido de descansos completos ni de ocios prolongados, Mario Vargas Llosa, aún de vacaciones terminaba visitando el Canal, no con la fascinación pasajera del turista sino con la acuciosidad propia del investigador, para preguntar por su funcionamiento, con las mismas avidez y curiosidad con las que había leído en su juventud a Julio Verne, a Alejandro Dumas y a Víctor Hugo.
Su ejercicio del periodismo, su vocación de investigador, su agudeza para observar y su precisión para describir personajes de la vida real tuvieron en Panamá una de sus expresiones más claras y palpables. Poco antes de su muerte trágica, Omar Torrijos le concedió al periodista Mario Vargas Llosa la que sería su última entrevista. Treinta años después, seguidores y detractores por igual, invocan aquella crónica como respaldo y sustento de sus posiciones frente a Torrijos. Unos y otros cortan como cirujanos las palabras exactas para elogiarlo o censurarlo desconociendo que la objetividad radica en el conjunto de la descripción y no en expresiones quirúrgicamente aisladas del contexto que no hacen sino distorsionarla.
Sí: Mario Vargas Llosa conoce nuestro país y lo ha visitado más de lo que muchos imaginan y en circunstancias que ya nunca más podrán repetirse, pues ahora se lo impiden la fama que trae aparejada el premio Nobel de Literatura y la admiración de sus miles de lectores.
Ahora, con motivo del décimo cuarto Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua, ha regresado a nuestro país, cargado gloria y de reconocimientos, pero con la misma sencillez y cordialidad del buen maestro, con el entusiasmo desbordado con el que pergeñó sus primeros escritos cuando no terminaba de salir de la adolescencia, con la misma disciplina para investigar con la que acometió La guerra del fin del mundo; con el mismo humor que transpiran las página de Pantaleón y las visitadoras; con la misma aversión a la dictadura del Chivo y a todas las demás; y con ese horizonte sin límites geográficos que nos regaló recientemente en El sueño del Celta.
Regresa a Panamá cuando ya no puede pasar inadvertido; cuando todos quieren testimoniarle aprecio y cariño, que no los originan el haber obtenido el máximo galardón de la literatura, sino el reconocimiento a una vida dedicada a las letras, al periodismo y a la enseñanza, sin que la celebridad lo haya envanecido, ni las conveniencias políticas de momento o los beneficios económicos hayan agrietado la reciedumbre de su honestidad intelectual.
Regresa a Panamá, pero ahora con el peso de la notoriedad a cuestas que harán imposible que pueda moverse, disfrutar, y escudriñar a placer los rincones de esta ciudad, como lo hacía antaño, cuando también aquí se sentía como pez en el agua.
Y enhorabuena que su visita se produzca en estos momentos en que se debate sobre el futuro de la libertad de expresión, pues difícilmente encontraremos una voz más respetada ni con más autoridad para defender ese derecho tan fundamental para el hombre y para la democracia.
Cuando el Forum de Periodistas por las libertades de expresión e información solicitó el otorgamiento del doctorado Honoris Causa para Mario Vargas Llosa, no lo hacía como reconocimiento a una trayectoria de escritor, ni siquiera a una vida dedicada al periodismo, sino a la verticalidad y a la valentía con las que ha defendido esas libertades. Pues con la misma vehemencia y convicción que plantea sus opiniones defiende el derecho de quienes lo controvierten o adversan.
Tanto cuando opina sobre literatura o arte, como cuando opina sobre religión o política, Mario Vargas Llosa genera adhesiones, contradicciones y polémicas. Es apenas natural: la política, la religión, la literatura y el arte pertenecen a los dominios del alma, por lo que cada cual los siente y los interpreta de diferente manera, y en distintos grados de apasionamiento.
Y la palabra de Vargas Llosa nunca ha estado condicionada por las conveniencias coyunturales o por concesiones de principios sólo para complacer o agradar. En los últimos seis meses hizo pública su intención de voto en las elecciones de sus dos patrias, Perú y España. Elogios, indignación, controversia. Pues así como existe un amplio consenso sobre la excelencia de su prosa, existe, como es natural un amplio disenso a la hora de juzgar sus preferencias ideológicas. Pero sea cual fuere la ubicación de cada uno dentro del espectro político, nadie puede regatearle el mérito de haber respetado siempre la opinión ajena y defendido la libertad de expresarla.
En realidad Mario Vargas Llosa no tiene dos patrias sino muchas. Dos nacionalidades a la hora de expresarlo en términos jurídicos. Pero si se trata de lo extendido de su pensamiento y de la amplitud de su universo creativo, son muchas o quizás todas las naciones las que en él confluyen, pues las barreras artificiales llamadas fronteras –que han generado guerras insensatas, crueles y absurdas—nunca han podido detener el flujo de la ideas ni las invasiones del pensamiento.
Dos nacionalidades a las que, al margen de los pasaportes, bien puede sumar la panameña. Fundamentos históricos abundan: Francisco Pizarro y Diego de Almagro partieron de nuestras costas –en realidad de la isla de Taboga que en aquel tiempo era el puerto de Panamá—para la conquista del Perú; y por aquí pasaron de vuelta los botines de aquella odisea. No deja de ser una metáfora de la vida misma de un escritor que siente a Perú y a España como el anverso y el reverso de una misma cosa, que el territorio que les sirvió de puente durante la colonia, sea el que hoy lo acoge con orgullo inmensurable, para otorgarle una nueva nacionalidad que no está avalada en disposiciones constitucionales pero sí sustentada en el cariño y la admiración.
Panamá le otorgó ayer a Mario Vargas Llosa su más alta condecoración, la Gran Cruz de la orden de Vasco Núñez de Balboa, y la Academia Panameña de la Lengua lo eligió, también ayer, como Académico Correspondiente. A esos galardones, ciertamente muy distinguidos, habremos de agregar, con humildad y gratitud el doctorado que honra a este claustro y honra también a este país del canal y de las coloradillas, que en las últimas horas se ha desbordado para demostrarle cuánta satisfacción sentimos de que esté una vez más entre nosotros.
En uno de sus discursos en Estocolmo el año pasado, cuando los elogios no terminaban de lloverle, el laureado con el premio Nobel de Literatura hizo del conocimiento público que es Patricia, su esposa, la que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que le ayudan a escribir y que ella le riñe diciéndole: “Mario, tú sólo sirves para escribir”. Si se me permite una licencia temporal para arrogarme, así sea por un instante, la representación de legiones de lectores, le quiero pedir a Patricia, en nombre de todos ellos, que siga soportando con estoicismo sus manías, neurosis y rabietas, para que la llama de su portentosa creación literaria no se extinga, y que no le exija tampoco que aprenda hacer más nada, que con que Mario sólo sirva para escribir, los amantes de la buena literatura, como en el final de los cuentos que leíamos de niños, viviremos felices para siempre.

Panamá, 22 de noviembre de 2011